Por Prensa CTMIN
16 de febrero de 2026
La reforma laboral impulsada por el presidente argentino Javier Milei obtuvo la aprobación en el Senado y quedó a la espera de su votación en la Cámara de Diputados. Presentada oficialmente como “Ley de Modernización Laboral”, el proyecto ha sido calificado por amplios sectores sindicales como un “hachazo a los derechos laborales”. Desde la Coordinadora de Trabajadores de la Minería (CTMIN), el análisis es categórico: estamos ante un giro estructural regresivo que impacta indemnizaciones, jornada, huelga, representación sindical y negociación colectiva. Lo que hoy ocurre en Argentina no es un episodio aislado; es una advertencia para el Cono Sur.
Un diagnóstico lapidario
El abogado laboral Raúl Osorio, en su documento “Consideraciones 27-26. Aproximación a Reforma Laboral Argentina”, sintetiza el núcleo del proyecto: “despido más barato, jornada más flexible e individual, huelga con menor eficacia y negociación colectiva atomizada”. En materia de indemnizaciones, la modificación del artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo reduce la base de cálculo, excluye componentes habituales de la remuneración, permite el pago en cuotas y crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), trasladando parte del costo del despido a un esquema financiero.
Para el presidente de FESUMIN, Oscar Villarroel, esto significa que “el trabajador termina ahorrando para su propio despido”.
Comparativamente, el Código del Trabajo chileno —artículos 163 y 172— mantiene una indemnización calculada sobre la última remuneración integral, actuando como una barrera real al despido.
Jornada flexible y banco de horas
La reforma permite fraccionar vacaciones en períodos mínimos de siete días e incorpora un banco de horas negociable individualmente. Para Osorio, esto “individualiza el tiempo de trabajo y erosiona la jornada como derecho colectivo”.
En Chile, si bien existen servicios mínimos regulados, no se permite como regla general un sistema que atomice la jornada al margen de la negociación colectiva.
Huelga: derecho formal, eficacia reducida
Uno de los puntos más sensibles para el sector minero es la ampliación de los “servicios esenciales”, obligando a mantener entre un 50% y 75% de funcionamiento en sectores estratégicos, incluida la minería.
Para CTMIN, esto vacía de contenido el conflicto laboral. Una huelga que debe garantizar producción significativa que pierde su capacidad de presión real.
Hugo Páez, presidente de CONFEMIN, es tajante: la reforma implica “una flexibilidad y esclavitud laboral tremenda” y advierte que replicarla en Chile sería “totalmente nefasto para la clase trabajadora”.
Fragmentación sindical y fin de la ultraactividad
La modificación a la Ley 23.551 restringe asambleas, tipifica bloqueos como infracciones graves y favorece sindicatos de empresa por sobre los de actividad. Además, elimina la ultraactividad: los convenios colectivos caducan automáticamente al vencimiento, rompiendo la continuidad de derechos adquiridos.
Oscar Villarroel (FESUMIN) advierte que “se destruye la continuidad del derecho colectivo y los convenios de empresa prevalecen sobre los de sector, perdiéndose el piso de negociación”.
El director de comunicaciones de CTMIN, Víctor Riesco, contextualiza: “Argentina está haciendo lo que se hizo acá en Chile en los años 80… estamos cuarenta años desfasados”.
Chile, sostiene, fue un laboratorio de reformas estructurales bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, tras décadas de conflicto y negociación, se ha construido una institucionalidad que permite diálogo sectorial. “Ya que nos podemos sentar tranquilamente con el Consejo Minero en cualquier mesa”, ejemplifica.
La diferencia política es relevante: mientras en Chile las transformaciones neoliberales se impusieron bajo régimen autoritario, en Argentina el proceso cuenta con legitimidad electoral. Eso complejiza la resistencia social.
Una alerta regional
El debate argentino, ampliamente cubierto por Deutsche Welle (ver nota) , se mueve entre quienes ven la reforma como “motor de crecimiento” y quienes la califican derechamente como “esclavitud”.
Para Waldo Pérez, presidente de FESAM, las “terapias de shock” aplicadas sin consenso erosionan el pacto democrático y generan reacciones pendulares. El desencanto puede empujar a sectores populares a respaldar opciones que luego desmantelan sus propios derechos.
Desde la Federación Minera de Chile, Marco García (presidente) advierte que el país no debe replicar un modelo que debilite garantías laborales, especialmente en un sector estratégico como la minería, principal soporte económico y eje del desarrollo regional. Reformas que abaraten el despido o restrinjan la acción sindical impactarían directamente en la estabilidad social y productiva. La dirigencia subraya que el modelo chileno, con negociación colectiva, derecho a huelga y representación sindical efectiva, ha permitido avanzar en seguridad y condiciones salariales. Retroceder en esa institucionalidad significaría erosionar derechos y romper un equilibrio construido mediante diálogo social.
En esa misma línea, el presidente de FESUC, Enes Zepeda, advierte que lo que ocurre hoy en Argentina, con trabajadores movilizados frente a cambios regresivos en la legislación laboral, es una señal de alerta. Recuerda que desde la Revolución Industrial las conquistas laborales han sido fruto de lucha y sacrificio, y que los retrocesos en derechos no son fenómenos nuevos en la historia del trabajo.
Desde CTMIN, la posición es clara: cuando el despido se abarata, la huelga se vacía y la negociación se fragmenta, el equilibrio entre capital y trabajo se rompe.
Aunque hasta ahora no existe una fecha fija publicada oficialmente para la discusión final, distintas fuentes periodísticas en Argentina señalan que el debate y la votación en la Cámara de Diputados se proyectan entre el 19 y el 25 de febrero de 2026, con el objetivo explícito del oficialismo de cerrar el trámite legislativo antes del 1° de marzo de 2026. El desenlace marcará no solo el rumbo laboral del país vecino, sino también el tono del debate sindical en todo el Cono Sur.
Porque lo que hoy se discute en Buenos Aires no es solo una ley. Es el modelo de sociedad que se quiere construir. Y para el sindicalismo minero chileno, la lección es evidente: la organización, la unidad y la memoria histórica son las únicas herramientas capaces de evitar retrocesos que ya conocemos demasiado bien.
PRENSA CTMIN
Fuente: Raúl Osorio «Consideraciones 27-26. Aproximación a Reforma Laboral Argentina»
